Cuaderno

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¿Por qué cumplir una promesa que ya no conviene?

Una historia ilustrada sobre esta pregunta, y la investigación que salió de ella.

Sin promesa

Capítulo 0 de 8

Capítulo 0: Llegada

El otro te pregunta: «¿Me prometes que vas a tirar el dado?»

Elegir necesita JavaScript. La historia sigue como si hubieras prometido.

Y yo te prometo que esto vale tus próximos minutos. Baja para ver qué pasa.

cooperatraicionacooperastraicionas33los dos, mejor0550te paga más11aquí terminan los dos

Capítulo 1: Dos cuartos

Antes de la promesa, un juego famoso: el dilema del prisionero.

Dos personas en cuartos separados. Cada una elige cooperar o traicionar, sin saber qué hace la otra y sin poder hablar.

Juega una vez.

Si los dos cooperan, cada uno se lleva 3 monedas. Si los dos traicionan, 1 cada uno. Si solo uno traiciona, ese se lleva 5 y el otro 0.

Jugar necesita JavaScript. En la historia el otro siempre traiciona: si cooperas, te llevas 0 y él 5; si traicionas, los dos se llevan 1.

Pagos: primero el tuyo, luego el del otro
El otro cooperaEl otro traiciona
Tú cooperas3, 30, 5
Tú traicionas5, 01, 1

¿Por qué traicionar? Piénsalo como el otro.

Toma las dos jugadas del otro una por una y mira qué te paga más contra cada una.

Si el otro coopera, ¿qué te paga más?

Traicionar te paga más en las dos columnas: 5 contra 3, y 1 contra 0.

Hagas lo que hagas, traicionar paga más.

Y el otro razona igual que tú. Así que los dos traicionan y se quedan con 1 cada uno, cuando cooperando se habrían llevado 3.

¿Y si jugaran una y otra vez? Nadie lo cuenta mejor que The Evolution of Trust (se abre en otra pestaña), de Case (2017).

El dilema, a fondo

cooperatraicionacooperastraicionas33los dos, mejor0550te paga más11aquí terminan los dos

Capítulo 2: ¿Y si pudieran hablar?

Ahora pueden mandarse un mensaje antes de elegir.

Los mismos cuartos, el mismo juego. Elige lo que le escribirías al otro.

El otro: Oye… ¿qué vas a hacer?

Tú: Voy a cooperar. Te lo prometo.

El otro: Yo también. Te lo prometo.

No te cuesta nada

Escribir necesita JavaScript. La historia sigue como si hubieras prometido, y el otro te hubiera prometido también.

Hablar es gratis.

Un mensaje no cuesta nada y no obliga a nadie: los economistas le dicen cheap talk. Decir que vas a cooperar no cambia ningún pago, y traicionar sigue pagando más. Y aun así, la gente cumple.

Capítulo 3: La matriz se dobla

Otro juego, la misma tensión.

En el juego de Vanberg (2008) solo una persona decide. La otra no elige nada y recibe lo que la primera decida. No es el dilema del prisionero, pero cumplir tu palabra te cuesta igual.

Ahora decides tú.

El otro solo puede esperar.

Le prometiste al otro que tirarías el dado.

Decidir necesita JavaScript. Estos son los pagos de la decisión.

Pagos de la decisión
DecisiónTúEl otro
Tirar el dado1012, o 0 si sale 1
Quedarme los 14140

Capítulo 4: Dos voces

¿Por qué cumplir, entonces? Contestan dos voces.

Una es lo que el otro espera: te duele defraudarlo. Se le llama aversión a la culpa. La otra es tu palabra: te duele romperla, espere lo que espere el otro.

Aversión a la culpa: Charness y Dufwenberg (2006); Battigalli y Dufwenberg (2007).

Casi siempre dicen lo mismo.

El otro espera que tires justamente porque se lo prometiste. Para separarlas hace falta un caso en el que la expectativa se quede y la promesa se vaya.

El truco: cambiar a la persona.

Eso hizo Vanberg (2008): cambió a las parejas. En su lectura, cada voz predice entonces algo distinto.

  • Lo que el otro espera «Tira igual: la pareja nueva espera lo mismo, y no sabe del cambio.»

  • Mi palabra «Tira menos: a esta persona no le prometiste nada.»

Capítulo 5: El apagón

Se va la luz.

Cuando vuelve, hay otra persona en el asiento del otro. Solo tú lo sabes: quien decide ve el cambio, y quien recibe nunca se entera.

Una pareja nueva, con una promesa propia.

A ella también le prometieron algo, otra persona que decide, como tú. En el experimento el cambio llegaba al azar; en esta historia siempre es este caso, un ejemplo fijo.

Lo que el otro espera sigue ahí. Tu palabra no: se la diste a alguien que se fue.

Una persona en cada carta.

Cada una es alguien distinto, que no sabe nada de las demás. Decide en cada una.

  1. Una pareja nuevaCarta 1 de 6

    Otra persona le escribió:«No te preocupes. Voy a tirar el dado.»

O desliza la carta hacia tu elección.

Decidir necesita JavaScript. En cada carta espera una persona distinta: con 3 de ellas chateaste y prometiste; con las otras 3 se fue la luz, y se sentó una pareja nueva con la promesa de otra persona.

Ahora te toca recibir.

El otro te promete: «Voy a tirar el dado. Te lo prometo.»

Apostar necesita JavaScript. En el experimento, quienes recibían contestaban en una escala de «seguro tira» a «seguro no tira».

También se fue la luz del otro lado.

Quien te prometió ahora decide por otra persona, y por ti decide una pareja nueva: el mismo caso fijo, visto desde el otro lado. En el experimento de Vanberg (2008), quienes recibían tampoco podían verlo. Los que tenían una promesa apostaron casi lo mismo con cambio que sin él:

  • Sin cambio: 70
  • Con cambio: 68
Lo que apostaron, en promedio, quienes recibían con una promesa, en una escala leída de 0 a 100
Misma pareja73 %70Pareja nueva54 %68

Capítulo 6: La gente real

¿Y la gente real?

En el experimento de Vanberg (2008) jugaron este juego 192 personas, en 8 rondas, con alguien nuevo en cada ronda. En las rondas en que quien decidía le había prometido a la misma pareja, ¿qué tan seguido se tiró el dado?

Adivinar necesita JavaScript. La cifra: 73 %.

¿Y después de un cambio?

¿Y en las rondas en que quien decidía había prometido, pero tenía enfrente a una pareja nueva a la que otra persona le había prometido?

Adivinar necesita JavaScript. La cifra: 54 %.

73 % contra 54 %.

En los datos de Vanberg (2008), después de un cambio el dado se tiró muchas menos veces. Y lo que esperaban quienes recibían casi no se movió: 70 contra 68.

El experimento de Vanberg, a fondo

La palabra, en sí.

Vanberg (2008) concluye que el efecto de las promesas no se explica por cambios en lo que el otro espera, y que sugiere una preferencia por cumplir la palabra en sí.

{ }

Capítulo 7: Aquí entro yo

¿Por qué cumplir una promesa que ya no conviene?

Soy Montserrat Ximena Hernández Gallegos.

Esta es la pregunta de mi investigación, la misma que hace toda esta página.

Un motor, en TypeScript.

Para trabajarla, construí un motor de simulación, un programa que calcula lo que se sigue de un conjunto de reglas, escrito en TypeScript.

Una tercera razón, en medio.

El diseño de Vanberg separa lo que el otro espera de tu palabra. Pero hay una tercera razón en medio: te duele defraudar una expectativa, pero solo si tú la creaste. Es la culpa personal, de Kawagoe y Narita (2014).

En el laboratorio no se distingue.

Con cambio de pareja, la expectativa de tu nueva pareja no la creaste tú, así que quien siente culpa personal también tira menos. Y en cualquier experimento de una sola ronda, la culpa personal y el compromiso específico a la pareja, tu palabra dada a esa persona, predicen lo mismo. Por eso el resultado de Vanberg es compatible con las dos.

Lo que las separa es la confianza de fondo.

Es lo que la gente espera de alguien antes de que prometa nada. En la especificación de Kawagoe y Narita (2014), la culpa personal es el producto de dos cantidades: la expectativa que ya había y lo que tu promesa le agregó.

Pesa más en el medio.

Si nadie esperaba nada de antemano, el producto es cero. Si ya todos lo esperaban, tu promesa no agregó nada y el producto también es cero. Por eso pesa más en el medio, en 38. Tu palabra a esa persona pesa lo mismo en cualquier mundo.

Un mundo para cada valor.

En una simulación, se fijó la confianza de fondo en cada valor de 0 a 76 de 100. La creencia de que la promesa se cumplirá quedó fija en 76: el promedio de la creencia de segundo orden de los dictadores sin cambio de pareja en Vanberg (2008, Tabla I). Ahí, la otra persona ve cuál de las razones te mueve antes de jugar, y solo entra si vas a tirar; si no entra, cada quien se queda con 5. Por eso tirar paga 10 y no tirar, 5.

Lo que gana cada razón.

La culpa personal gana 10 de 15 a 65 (medido en pasos de 5), y 5 fuera de esa ventana. El compromiso específico a la pareja gana 10 en todo el recorrido. La culpa general, la voz de lo que el otro espera, sirve de control y también gana 10: es la misma línea que el compromiso.

051003876La culpa personal pesa másCompromiso específico a la parejaCulpa general (control): misma líneaCulpa personal
Pago de cada razón en cada valor de confianza de fondo
Confianza de fondoCulpa personalCompromiso específico a la parejaCulpa general (control)
0 de 10051010
5 de 10051010
10 de 10051010
15 de 100101010
20 de 100101010
25 de 100101010
30 de 100101010
35 de 100101010
38 de 100101010
40 de 100101010
45 de 100101010
50 de 100101010
55 de 100101010
60 de 100101010
65 de 100101010
70 de 10051010
75 de 10051010
76 de 10051010
Pago material contra confianza de fondo. La culpa personal paga en una ventana intermedia. El compromiso específico a la pareja paga lo mismo en todo el recorrido. La creencia de que la promesa se cumplirá está fija en 76.

Una comparación entre mundos.

Cada mundo tiene su confianza de fondo fija: no es una población que recorre la curva. Y en el medio, las dos ganan lo mismo, así que cuál queda ahí es cuestión de azar. Una sesión de laboratorio ve un solo punto de la curva. Recorrerla exige comparar poblaciones con distinta confianza de fondo.

El código del motor: github.com/Montse2308/promises-to-whom-engine (se abre en otra pestaña) (DOI 10.5281/zenodo.23222610 (se abre en otra pestaña)).

El hallazgo, a fondo

Capítulo 8: Cierre

De vuelta en la primera mesa.

Se acabó el día, y el otro te pregunta una última vez. Contestes lo que contestes, solo tú sabes por qué.

El otro te pregunta: «Me prometiste que ibas a tirar el dado. ¿Lo tirarías ahora?»

Contestar necesita JavaScript. Contestes lo que contestes, la historia sigue.

¿Y yo?

Al principio te prometí que esto valía tus próximos minutos. ¿Cumplí?

Todo lo que elegiste se queda en esta pestaña: nada se envía a ningún lado.

Contestar necesita JavaScript. Sea como sea, gracias por quedarte hasta el final.

Créditos

¿Por qué cumplir una promesa que ya no conviene?

Escrita, dibujada y programada por
Montserrat Ximena Hernández Gallegos
Reparto
  • El círculo, como tú
  • El cuadrado, como el otro
  • El triángulo, como la pareja nueva
  • La nube, como lo que el otro espera
  • El pergamino, como mi palabra
  • El hilo dorado, como tu promesa

Basada en el experimento de Vanberg (2008).

Tipografía: Fraunces y Nunito

Fin

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